martes, 15 de enero de 2013

aparejando (43). andamios


Los técnicos que vamos a las obras nos lo encontramos todo montado. Con sus barandillas dobles, interiores y exteriores, sus rodapiés, sus escaleras, la red de protección exterior y todas las chapas.
Y se nota.
Se nota porque uno, que no es que tenga vértigo pero sí mucha impresión a las alturas, sube los andamios tan ricamente. Es cierto que en algunos puntos te quedas un poco paralizado, pero la segunda vez que pones el pie, o quedándote un rato mirando, se te pasa y sigues para adelante.
Los Jefes de Obra, o los Arquitectos Directores de Obra, o los Aparejadores de Obra, o los Encargados, Oficiales de Primera, Peones...todos nos encontramos el andamio montado. Y además con plataformas de trabajo a menos de 20 cms de la fachada, para que sea fácil trabajar. De esta forma nos dedicamos a mirar lo que hay que mirar: las cornisas, los pináculos, las campanas, las tejas, las estructuras de madera, las agujas de plomo, las veletas, los aparejos de los ladrillos, las juntas...

Pero antes han pasado por ahí una serie de personajes que son auténticas bestias: los montadores de andamio.
No tienen vértigo.
Son como funambulistas caminando a 40 metros de altura por cornisas, travesaños de acero, subiendo material con poleas o recogiéndolo de los montacargas.
Ahí arriba miden, comprueban niveles verticales y horizontales, encuentran errores en la planificación y normalmente los solucionan, salvan escollos con las piezas que tienen, y siguen subiendo.
Un piso tras otro, de dos metros en dos metros.
Pensando en los técnicos que deberán circular por ahí después de que ellos se vayan y dejen el trabajo hecho.
Pensando también en los oficiales de primera que deberán trabajar con capazos de mortero, circular con carretillas llenas de ladrillos, que quizás se les caiga una maceta, que deben tener acceso a todos los rincones de la fachada.
Pensando también en que habrá que subir elementos pesados (capiteles de piedra, campanas, veletas) y que también deberán tener un fácil recorrido.
En ocasiones pensando en visitas de autoridades, políticos, sacerdotes, monjes, técnicos municipales o autonómicos.
Aguantando viento. Mucho viento. Porque a 40 o 50 metros de altura pega fuerte, te da unas bofetadas y unos empujones que impresionan.

En Nueva York durante la fiebre de la construcción de los rascacielos, se hizo muy famosa una tribu de indios llamada Mohawk. Prácticamente solitos se subieron estructuras de acero altísimas, soldando, atornillando, colocando vigas y pilares. Uno tras otro. También piso a piso, a muchos metros de altura.
Pronto descubrieron que los mohawk no tenían vértigo.
Hoy los mohawk son rumanos o marroquíes.
Y sigue impresionando verles trabajar.

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