jueves, 28 de octubre de 2010

aparejando (23). el rotulador

PARTE 1

Hoy el jefe de obra quería realizar una pequeña reflexión y compartirla, una pequeña reivindicación del oficio de Jefe de Obra. Un oficio que no se enseña en la facultad. Se enseña a ser aparejador, o ingeniero de puentes y caminos, o ingeniero de obras públicas. Pero no se enseña a ser jefe de obra. Y el aprendizaje de este oficio, porque eso es lo que es, un oficio como el de encargado de obra, carpintero, herrero o albañil, el aprendizaje digo, se sigue realizando unos siglos después como en la Edad Media. Es decir, del maestro al aprendiz. Sin más. Y si el aprendiz sirve, pues genial. Y si el maestro sirve, pues genial. Pero no siempre es así.

Y no todo el mundo vale, eso ya se sabe.

Hoy reflexiona sentado en el coche. Un coche que está a punto de ser rotulado. Directrices de la empresa. Puerta delantera izquierda, derecha, y atrás en pequeñito. El diseño le gusta, la verdad.

Pero sospecha que el nombre de Velilla de San Antonio tardará en borrarse de su mente un tiempo. Después de recorrer radiales y rotondas, circunvalaciones y equivocarse un par de veces (esto es una tara que viene de serie), rodeado de un paisaje que parece sacado de la película Mad Max, en un polígono donde creo que he visto algún zombi esta mañana recorrer sus calles dejando una polvareda tras él (o será que llega Halloween) y donde las naves tienen sus puertas cerradas y se oye de vez en cuando una radial, pero todo tiene el aspecto de una ciudad fantasma del Oeste (y está a punto de poner en Spotify la música de Morricone en “El bueno, el feo y el malo”). Ignora cuáles han sido las razones para elegir a la empresa que rotula los coches de empresa, ignoro si son puramente económicas o de contrato-marco, pero sentado en ese coche que está a punto de ser rotulado, frente a la puerta aún cerrada de la empresa, y después de llamar al teléfono de contacto, a Juan, y decirle éste que está en el médico (que le ha surgido un imprevisto) se da cuenta que Juan es la única persona que rotulará los coches de la empresa en Madrid. Que la empresa rotula en “Casa Juan”. Y piensa en el oficio del jefe de obra...

El jefe de obra piensa en sus tareas, en las decisiones que debe tomar, en los aspectos varios que debe valorar antes de tomarlas. Sin ser controladores aéreos, sin tener que tomar esas decisiones en segundos, tienen que ponderarlas. Y lo hacen. Y piensan en todo, en el coste de alquiler, de compra, en los desplazamientos, formas de pago, retrasos, calidad de los trabajos, calidad de las personas con las que trabajamos, esfuerzos útiles y esfuerzos inútiles, política, politiqueo, complicidades y rigurosidad, imagen (ay la imagen, qué importante termina siendo…). Y piensa en el coste de un encargado de obra y un jefe de obra, pongamos de 15-20 euros/hora y persona, que esperan a Juan, el único rotulador desde hace 1 hora, que constatan que primero hará un coche, y luego otro. 1 hora + 1 hora. Cuál habrá sido el ahorro…?

La verdad, sinceramente, el jefe de obra está seguro de que no valdríamos para todos los trabajos. Que no cualquier cosa se les daría bien.

Pero el jefe de obra está más seguro aún de que no todo el mundo vale para ser jefe de obra.

Hoy más que nunca.

PD: Juan acaba de llegar y pide perdón. Lleva un coche tuneado color púrpura…


PARTE 2

Juan sale de su nave. Sonríe.

Juan: tengo una mala noticia para el dueño de este coche (señala el Peugeot 308)

el jefe de obra: ahá

Juan: pensaba que sí pero no tengo los adhesivos para este coche.

el jefe de obra: perdón?

Juan: pensaba que Barcelona me los había mandado pero no

el jefe de obra: y eso no me lo podías haber dicho ayer? No podías haber comprobado eso ayer cuando me dijiste que no había problema?

Juan: es que pensaba que sí los tenía

el jefe de obra: pues pensaste mal, evidentemente

Juan: ya…bueno…

Carlos: y qué tienen de especial los de este coche?

Juan: es un coche de color?

el jefe de obra: y?

Juan: pues que lleva un recuadro y…no es lo mismo.

Hoy que el jefe de obra tiene un día de reflexionar se da cuenta además que nuestro Juan debe coordinarse con otra empresa en Barcelona. Quizá esa empresa sea una nave industrial en un pueblo perdido de la plana de Lleida, y quizá pertenezca a un Joan….e imagina muchas empresas de rotulación de automóviles esparcidas en pueblos perdidos por el mundo y pertenecientes a John, a Jean, a Jon...

Sumemos al tiempo perdido el tiempo de volver a Velilla de San Antonio, un pueblo por otro lado al que uno siempre tiene ganas de regresar...y sumemos que Juan en definitiva, cae bien al jefe de obra.


PARTE 3

El coche de Juan

2 comentarios:

Gustavo Adolfo dijo...

Como por casualidad (que noooo que ha sido a través del blog de Benito, nuestro Benito que se fué al quinto coño) que he encontrado este rincón de delirios cojonudos.

Un abrazo. Gustavo (otro que delira a menudo)

carlinhos dijo...

Gustavo, qué buenos estos encuentros vía amigos en común! Bienvenido a esta humilde morada....a delirar juntos! Un abrazo

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